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el griton

Cuenta los vecinos de Belén, que cuando ese barrio comenzaba a organizarse se registró un hecho de sangre sin precedentes en aquella época.

Un hombre, enloquecido por el alcohol, llegó a medianoche a la casa de su madre exigiéndole que le dijera por qué razón la había abandonado su padre cuando él era un niño. Armo escándalo que obligo a los vecinos a salir de sus en defensa de la señora obligándolo a retirarse del lugar.

Las cosas empeoraron para la pobre anciana, padecía de artritis, de alta presión y cada vez que llegaba su hijo en estado de ebriedad sentía la muerte cerca.

Como el alcoholismo es la más cruel de las enfermedades que azota a la humanidad, enfermedad progresiva que ataca el cuerpo y la mente, fue atacando al protagonista de ésta historia, de tal manera que se volvió irresponsable, mal hijo, mal padre, mal amigo, envidioso y con todos los defectos de carácter, ebrio escuchó una voz suave: “Hijo... tu padre me abandonó porque era un borracho irresponsable... cuando te des cuenta del crimen que has cometido sufrirás... sufrirás...” Al decir aquellas palabras cerró los ojos.

Camilo, que se llamaba el matricida, salió de su casa con sus ropas ensangrentadas, tambaleándose y rugiendo como bestia se perdió en la oscuridad de aquella terrible noche, al día siguiente las autoridades practicaban el reconocimiento del cadáver y en una pequeña caja de cartón colocaron la cabeza.

Los curiosos se contaban por decenas y los vecinos entrevistados por las autoridades no vacilaron en afirmar que el asesino era el hijo de la pobre anciana. “Sin duda fue Camilo... varias veces vino aquí con intenciones de matarla. Cada vez que se emborrachaba la quería matar.

Muchas veces evitamos que lo hiciera, pero anoche no escuchamos más que unos golpes en la puerta y luego todo quedó en silencio”. Por sugerencia de los familiares el cadáver sería velado esa noche en la misma casa donde ocurrió el crimen. De todos los barrios acudieron personas piadosas con ofrendas florares pues la noticia se regó por toda la capital.

A las diez de la noche y cuando los asistentes al velorio contaban chismes jugaban cartas a la luz de una luminaria de ocote se escuchó un grito aterrador que heló la sangre de todo el mundo.

La gente salió de la casa para averiguar que estaba sucediendo, los hombres que estaban jugando cartas se pusieron de pie y trataron de adivinar quien había lanzado aquel grito en medio de la oscuridad. Nuevamente se escuchó el terrible grito, pero ésta vez no provenía del monte cercano sino que del cielo.

Todos volvieron sus cabezas hacia arriba y el grito se escuchó nuevamente como si viajara en el espacio. Cuando la gente hacía la señal de la cruz cayó en medio de la fogata la cabeza de Camilo lanzando terribles gritos de agonía.

Aquello fue lo más macabro de la noche... no quedó una sola alma en el velorio. Cuenta que al siguiente día, el cuerpo de la anciana y el de su hijo fueron encontrados sobre unos árboles frondosos muy cerca de la casa. Nadie sabe que sucedió, pero se afirma que cuando la cabeza de Camilo cayó sobre las llamas, un viento huracanado azotó el lugar.

Desde entonces se conoce como EL GRITÓN al fantasma de Camilo. Durante muchos años se escuchaba el gritón desde el barrio Belén hasta el otro extremo de la ciudad capital.

Las ancianas decían que aquel era un ejemplo que Dios había mandado para que los hijos malos dejaran de serlo y amaran y veneraran a sus padres.

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